10 diciembre 2006

La vida de Hammarskjold no es corriente.

Como servidor civil internacional, se dedicó en cuerpo y alma a la defensa de los derechos humanos como fundamento de la paz. Vivió célibe, según algunos por su concepción de su tarea como una specie de sacerdocio. Se le llamó “servidor de la paz”, “soldado de la paz”,y según W. Foote, “le daba fuerza e inspiración la pura y profunda fe e ideales sobre la vida y relaciones humanas a que él se entregaba fielmente de palabra y obra.”
Cuantos le conocieron subrayan que su vida de alto funcionario no agotan su vida ni describen todas las facetas de su personalidad. Esta se formó en armonía con la lectura continuada de filósofos y creadores literarios, su sensibilidad al arte, y el cultivo del ejercicio físico.